Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) 2025: Sorpresas. Por Carolina Ruíz Rodríguez

La migración ha sido parte esencial del desarrollo humano. En sus orígenes, la humanidad fue nómada; carecía de un lugar estable para vivir. Con el paso del tiempo, los flujos migratorios se transformaron, pero el mundo moderno aún no logra contenerlos.

En la actualidad, en un contexto global donde las políticas antiinmigrantes se endurecen y las fronteras se blindan, migrar se ha convertido en una decisión de alto riesgo que afecta no solo a quien emprende el viaje, sino también a sus familias, muchas veces integradas por niñas, niños y adolescentes.

En este escenario, destaca la presentación de la Encuesta Demográfica Retrospectiva (EDER) 2025, elaborada por el INEGI, que permite reconstruir las trayectorias de vida de la población mexicana de entre 18 y 64 años, ofreciendo una visión integral sobre residencia, educación, empleo, familia y condiciones de vida.

Uno de los hallazgos más relevantes se relaciona con la migración: pese a la crisis económica y la desigualdad, los datos muestran una disminución en la migración durante las primeras etapas de vida. Entre las generaciones nacidas entre 1961 y 1967 y las de 1998 a 2007, el porcentaje de personas que migraron antes de los 18 años pasó de 21.3% a 14.4%.

Este cambio refleja una transformación en los patrones de independencia de las y los jóvenes mexicanos, quienes hoy tardan más en dejar el hogar familiar, formar pareja y tener hijos. Migran menos y permanecen más tiempo en el sistema educativo.

Sin embargo, esta aparente estabilidad no implica necesariamente mejores condiciones de vida. La migración se ha vuelto una decisión condicionada por factores estructurales como la precariedad laboral, la falta de oportunidades y las limitaciones educativas en los lugares de origen.

Quienes migran lo hacen principalmente en busca de empleo o estudios, hacia destinos como Ciudad de México, Nuevo León y Querétaro, donde se concentra la oferta de empleos especializados y desarrollo tecnológico. Esto evidencia una desigualdad territorial persistente que obliga a miles de jóvenes a desplazarse para aspirar a un mejor futuro.

Mientras tanto, la realidad internacional sigue siendo alarmante: las políticas restrictivas y la falta de mecanismos de protección continúan colocando a las personas migrantes en situaciones de alto riesgo.

Por ello, más allá de las cifras, es necesario interpretarlas con responsabilidad y actuar en consecuencia. La migración no puede entenderse solo como un fenómeno demográfico, sino como un tema de derechos humanos, justicia social y dignidad.

Desde el ámbito legislativo, el reto es construir políticas públicas que atiendan las causas estructurales de la migración, reduzcan las brechas de desigualdad y garanticen condiciones dignas tanto para quienes deciden quedarse como para quienes se ven obligados a partir.

Porque detrás de cada estadística hay una historia, una decisión y, muchas veces, una necesidad. Y frente a ello, el Estado no puede ser omiso.

Diputada local presidenta de la Comisión de Atención a Personas Migrantes en el H. Congreso del Estado de Morelos.

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