México: de país de tránsito a destinoPor Carolina Ruiz Rodríguez*

La llegada por segunda ocasión de Donald Trump al gobierno de Estados Unidos modificó de manera sustancial el escenario migratorio en el continente. México dejó de ser únicamente un territorio de paso para consolidarse como país de destino, ante el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses.

El blindaje fronterizo y la criminalización de la migración redujeron drásticamente los flujos hacia el norte. Según el Pew Research Center, los encuentros de migrantes en la frontera descendieron en 2025 a 237 mil 538 casos, la cifra más baja en más de cinco décadas, frente a los más de 1.5 millones del año fiscal previo.

De manera paralela, México reforzó la vigilancia en sus fronteras y comenzó a perfilarse como alternativa para quienes buscan asilo o reconstruir su vida. El Instituto Nacional de Migración reportó 151 mil 617 repatriaciones de connacionales desde el inicio del segundo mandato de Trump, un promedio de 415 personas por día, menor al registrado en periodos anteriores.

Este panorama confirma que la migración ya no es solo tránsito hacia Estados Unidos, sino que México enfrenta el reto de consolidarse como país de destino. Ello implica diseñar políticas públicas de integración, empleo, salud, educación y protección de derechos humanos para quienes deciden quedarse o han retornado.

La disyuntiva es clara: improvisar o construir una política migratoria de Estado con visión de largo plazo y enfoque humanista. Porque cuando un país deja de ser puente y se convierte en hogar, la obligación es integrar y garantizar dignidad.

Presidenta de la Comisión de Atención a Personas Migrantes del Congreso del Estado de Morelos

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