El show de medio tiempo del Super Bowl LX exaltó la identidad latina con música, estética, historia y orgullo cultural, mostrando la fuerza demográfica y cultural de esta comunidad.
Sin embargo, la realidad migrante no cambia con reflectores ni discursos artísticos. Mientras se celebraba la diversidad en el Levi’s Stadium, continuaban redadas, deportaciones y separación de familias en distintos estados de EE.UU. El debate migratorio sigue marcado por polarización y confrontación partidista.
Organizaciones defensoras de derechos humanos celebraron el mensaje como reivindicación cultural, mientras sectores conservadores mantuvieron su postura restrictiva. El riesgo, advierte la autora, es profundizar el encono.
La migración es un fenómeno humano complejo, ligado a desigualdad, violencia y pobreza, que no puede reducirse a marketing político. En Morelos, miles de familias con vínculos en EE.UU. viven esta realidad diariamente, afectadas por decisiones en Washington y discursos de odio.
Celebrar la identidad latina es legítimo, pero defender la dignidad de las personas migrantes es una obligación ética. La política debe estar a la altura de esa humanidad, porque el espectáculo puede dividir aplausos, pero la dignidad no debe dividir sociedades.
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